La cerda de la señora Adelaida

La cerda de la señora Adelaida
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Y haciendo una mirada retrospectiva, y pensando en los inicios de mi espíritu viajero, encontré los primeros viajes de mi infancia. «Natalia, ¿dónde te vas de vacaciones este verano?» «al pueblo de mis abuelos en Segovia» (hasta aquí ,ya habréis podido percataros de que los veranos de mi infancia,  transcurrieron en gran parte en la Vieja Castilla, entre las provincias de Ávila y Segovia).

El pueblo de mis abuelos maternos en Segovia, era un gran sitio para mi, escenario de mis correrías y travesuras infantiles,  promotor de mi espíritu curioso y aventurero. ¡Cómo no recordar esas excursiones en bici a los pueblos aledaños, las caídas,  la fuente, las pipas del teleclub, las gallinas y cerdos (sobretodo los cerdos),  los paseos al río…!

Recuerdo momentos únicos e irrepetibles. Me viene a la memoria uno muy especial. La señora Adelaida, la vecina de mis abuelos en el pueblo,  quiso hacerme partícipe del parto de una de sus cerdas, y yo con la emoción desbordada de mi espíritu infantil, presencié aquel embarrado momento. Y cuando digo embarrado, lo digo en un sentido literal. Por supuesto no desprecié la invitación de esta gran mujer,  y allí me plante expectante a ese gran acontecimiento.

Mientras mis ojos entusiasmados  vivían ese instante único para ver aquellas criaturitas rosadas y redonditas saliendo del cuerpo de su tierna madre, mi chándal con rayas amarillas y verdes a juego con la chaqueta,  iba tomando un tono amarronado del que sólo fui consciente cuando vi a  mi madre en la puerta gritándome «Natalia, ¿pero qué has hecho?

Momentos irrepetibles de la infancia…

Y las aventuras que estaban por venir, se estaban fraguando, sin prisa pero sin pausa en lo más interno de nata way.

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